22
jul
10

Solicitud de remoción del monumento a los Montejo CEYEAC hoja 2

22
jul
10

Solicitud de remoción del monumento a los Montejo CEYEAC hoja 1

22
jul
10

Solicitud de remoción del monumento a los Montejo hoja 2

22
jul
10

Solicitud de remoción del monumento a los Montejo hoja 1

17
dic
09

Gallardetes Literarios. Día del Escritor 20 de diciembre 2009

18
feb
09

Carlos Martin, Nadia Villafuerte y Roberto Azcorra

Carlos Martin, Nadia Villafuerte y Roberto Azcorra

Nadia Villafuerte

Nadia Villafuerte

Roger Metri y Oscar Sauri

Roger Metri y Oscar Sauri

Roger Metri y Oscar Sauri

Roger Metri y Oscar Sauri

10
feb
09

La desolada languidez de la frontera por Carlos Martin

En reciente sesión del taller que coordino, una participante me tachó de sexista. Hizo notar que de los cuarenta y tantos cuentos que habíamos analizado a lo largo del año, únicamente cuatro habían sido escritos por mujeres. Ante la evidencia, no había más que aceptar la realidad: o las creaciones de la imaginación femenina han sido dejadas de lado a lo largo de la historia o era yo un misógino de la peor calaña.

Esa misma tarde, luego de optar por lo primero, incluí en el programa una selección de literatura hecha por mujeres. Katherin Mansfield, Clarice Lispector, Elena Garro y Beatriz Espejo me salvaron de fomentar, en pleno siglo XXI, la inequidad de género.

Creo que fue un acierto. Y se confirma ahora al concluir la lectura de ¿Te gusta el látex cielo? de Nadia Villafuerte. Todas esas ideas preconcebidas – y alimentadas por varios “estudiosos”- de que la escritura femenina está marcada por el género, son un sinsentido. Quien escribe con calidad no necesita de salvoconductos para trascender. Y el libro que hoy nos reúne, el tercero de la autora, lo convalida.

La escritura de Nadia no necesita etiquetas. Sabe narrar y conoce el mecanismo del cuento. Entiende, por ejemplo, que para que un texto funcione debe generar emociones encontradas en el lector. Busca también, como Ernest Hemingway, que en una historia convincente lo que valga no sea lo que se cuente sino lo que sugiera sin mostrarlo. Y desde Flores rojas, el relato que abre la colección, y describe el encuentro en un casino en la frontera norte entre un periodista “moderado” y un matón arrepentido, uno se percata de que se encuentra ante una autora ambiciosa. Una narradora que, parafraseando a Virginia Woolf, ha encontrado una habitación propia.

Segura de su estilo, Villafuerte no guarda lastre de pudores y con honestidad comparte, en una dedicatoria final, los nombres de los autores que la han inspirado a lo largo de su trayectoria. Y aunque no lo supiéramos a través de esta confesión, resulta reconocible la influencia del norteamericano Raymond Carver en Tinta azul y Grillos, historias que ejemplifican con buen tino la decadencia de la pareja clase mediera; o del chileno Roberto Bolaño en What are you looking for y La Piscina, textos atrevidos con inquietantes desenlaces donde sus protagonistas escapan y trasgreden continuamente sus realidades.

Oriunda de Chiapas, una tierra en la orillas límite la cual sirve de puente a los centroamericanos en su odisea para llegar a la tierra prometida del dólar, Nadia Villafuerte se deja transminar por el componente migratorio en Frontera de sal, Yésira y Cajita feliz. En los tres relatos, el cronotopo frontera se describe, no como un espacio geográfico, sino como un estado de ánimo. Los protagonistas están ahí, esperanzados de que les llegue momento de brincar hacia el otro lado, sin sospechar que más al norte les deparan peores dificultades. Para cualquier escritor es difícil ser ingenioso y crítico a la vez, y la autora lo consigue dejando en los lectores un agridulce, pero placentero sabor de boca.

Roxie, que merece una categoría aparte, es uno de mis favoritos. Cuenta en primera persona la historia de un travesti que sirve tragos en un bar del Gabacho y quien no está del todo de acuerdo con su circunstancia. Lo interesante aquí es que, no obstante su brevedad, el relato alcanza a atisbar al interior del personaje exponiendo la soledad que lo aqueja y a la cual, el lector no ha de mantenerse ajeno.

Y cito:

Me duele su queja, le tapo la boca. Le quito el grasoso maquillaje. Me veo al espejo: lloro un poco. Al oído le confieso que también soy infeliz: que ambos los somos.

Resta comentar, finalmente, la historia que prefiero por ser la más redonda del libro, justamente la que da nombre al volumen. Noveleta, cuento largo o nouvelle, ¿Te gusta el látex, cielo? se lee con soltura sin detenerse a reflexionar, porque esa, precisamente, es su virtud. Sus cincuenta páginas avanzan sin tropiezos, con una naturalidad que desdeña lo pretencioso.

La trama gira alrededor de la relación entre Glenda, un travesti que regentea El Bombay, y Helena, una ambiciosa prostituta. Ambos, que por cierto son amantes, se verán envueltos en una vorágine fatal cuando la falena acepte asesinar a un político asiduo al El Bombay, a cambio de obtener, sí, adivinaron, papeles y dinero para cruzar la frontera.

Hay un poema de Kavafis, La ciudad, donde el bardo sentencia al viajero que pretende partir hacia una vida mejor que no hallará otra tierra ni otro mar, que su ciudad, con todo y su desolada languidez, irá siempre con él. Los cuentos de Nadia parecen confirmar, en el mismo sentido alegórico, la aseveración del poeta griego: quien parta más allá de su terruño corre el riesgo de encontrarse consigo mismo. Y eso, en algunos casos, puede ser peor que cualquier desgracia

Texto leído el pasado 7 de febrero en la biblioteca José Martí de la ciudad de Mérida, en el marco de la presentación del libro ¿Te gusta el látex, cielo? (Tierra Adentro, 2008) de Nadia Villafuerte, con la presencia de los escritores Roberto Azcorra Cámara, Carlos Martín Briceño y la autora.

09
feb
09

Rafael Ramirez Heredia habla del oficio de escribir

09
feb
09

¿Te gusta el látex, cielo? Run away, corazón; por Roberto Azcorra

Huyo de lo que me sigue; voy detrás de lo que huye de mí.

Ovidio

¿La chica de la portada hace la pregunta? Al menos eso aparenta y desde ese instante podemos caer en la trampa de la invitación, porque detrás de esta fachada tan atractiva se esconde una mirada capaz de adentrarse a los recovecos de una realidad oculta bajo la ilusión neoliberal que se tambalea herida víctima de sus propios precursores.

Ignoro si el escritor es un visionario, lunático o ingenuo. Lo que sé es que uno de sus deberes es llamar a las cosas por su nombre. Y Nadia Villafuerte es capaz de devolvernos esa mirada incómoda donde los momentos son develados fríamente y el absurdo de la cotidianeidad permanece como una sombra indeleble.

¿Te gusta el látex, cielo? es una colección de diez cuentos breves cargados de intensidad y de gran oficio narrativo. Nadia no niega la cruz de su parroquia, además de nombrarlos al final del libro, en el transcurso de la travesía puede percibirse el universo carveriano, bolañesco, la influencia del dirty realism, las construcciones lacónicas permitiendo el paso de la luz lectora hacia las esquinas obscuras del hombre.

En esta vorágine de soledades, el libro presenta dos rostros, uno no menos inquietante que el otro. Podríamos identificar el ambiente y la triste exhuberancia de la frontera sur en relatos como Frontera de Sal, Yésira y el cuento que titula la colección. Prostitutas-adolescentes centroamericanas, ilusos que sueñan con el segundo norte, porque “en el sur habita el fuego” (Frontera de sal, p. 29). Quién si no la autora para describir la jodidez de ese mundo; nuestro río al sur es, probablemente, peor que el del norte. Y la narradora nos guía como un Virgilio cínico, señalando al hombre que venga la muerte de su hermana de 14 años asesinada por un agente de migración, al fotógrafo perdido dentro de sí y enclavado en la selva, a la falena encargada de eliminar a un político víctima de un complot; con desparpajo, Nadia Villafuerte nos dibuja con breves trazos al travesti traicionado por una mujer.

El otro rostro nos muestra la ciudad, la urbe que pudiera ser de cualquier parte del mundo, con sus hartazgos, la vacuidad de sus habitantes, la incomunicación a pesar de las nuevas tecnologías. Los tintes policiacos del cuento Flores rojas demuestran la capacidad de la escritora por el género. Tinta azul, La piscina, Grillos, exhiben las heridas causadas por las relaciones superficiales, rutinarias o extraviadas en el desconcierto de la incertidumbre y la duda.

En el mundo recreado por Nadia, las drags y travestis protagonizan algunas de sus historias, entre ellas ¿Te gusta el látex, cielo? y Roxi, texto construido con dos puntos de vista externos, ambivalentes, en segunda persona que nos conducirán al descubrimiento.

Cajita feliz, texto publicado en la revista Navegaciones Zur, reúne dos aristas de un bizarro poliedro que otros le llaman realidad, la migrante que ha logrado alcanzar la otra orilla, la anglosajona, pero que sido insuficiente para conseguir la anhelada felicidad, ganando tan solo perpetuar la insatisfacción y el creciente deseo de continuar en movimiento, a pesar de la pequeña que duerme con el Simbad en las manos ignorando el hartazgo y desencanto bajo la piel de su madre.

Son dos mundos que presenta el libro de cuentos de Nadia Villafuerte en ambientes físicos disímiles pero unidos por la marginalidad, la migración. Sus personajes están en perpetuo movimiento o dejan el motor en marcha esperando el pretexto para reanudar la travesía.

Los diez cuentos de esta colección, lejos de proponer una mirada femenina”, logran trascender y conservar el genuino punto de vista de una narradora.

La prosa breve, sin artificios más que la transparencia hacia la realidad de sus relatos, caracteriza esta obra altamente recomendable.

Enhorabuena, Nadia.

07
feb
09

La nota del Diario de Yucatán

tn_12872811

Félix, Glenda, Karen, Oscar y Key son algunos de los personajes atrapados en sus emociones que Nadia Villafuerte presenta con habilidad en su libro “¿Te gusta el látex, cielo?”, colección de diez historias del género negro que se desarrollan de una frontera a otra del país.

La obra de la escritora chiapaneca se presentará hoy, al mediodía, en el Centro Cultural José Martí del Parque de las Américas, con la presencia de Nadia, Roberto Azcorra Cámara y Carlos Martín Briceño. El evento cuenta con el apoyo de la Dirección de Cultura del Ayuntamiento y el Consulado del Movimiento Poetas del Mundo.

Aunque las circunstancias de los personajes son duras, amargas, Roberto Azcorra señala que las historias conforman un libro ameno, de fácil lectura y con pasajes concentrados, “como una cava de vinos”.

Con precio de $60 y a la venta en las librerías Educal (en Mérida, al lado del Teatro Daniel Ayala Pérez y en el Palacio Cantón), el texto será presentado por su autora en la Feria del Libro de la UNAM, que se llevará al cabo el próximo martes 24 en el Palacio de Minería de la ciudad de México.— Renata María Marrufo




Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.