Archivos para 18 febrero 2009

18
feb
09

Carlos Martin, Nadia Villafuerte y Roberto Azcorra

Carlos Martin, Nadia Villafuerte y Roberto Azcorra

Nadia Villafuerte

Nadia Villafuerte

Roger Metri y Oscar Sauri

Roger Metri y Oscar Sauri

Roger Metri y Oscar Sauri

Roger Metri y Oscar Sauri

10
feb
09

La desolada languidez de la frontera por Carlos Martin

En reciente sesión del taller que coordino, una participante me tachó de sexista. Hizo notar que de los cuarenta y tantos cuentos que habíamos analizado a lo largo del año, únicamente cuatro habían sido escritos por mujeres. Ante la evidencia, no había más que aceptar la realidad: o las creaciones de la imaginación femenina han sido dejadas de lado a lo largo de la historia o era yo un misógino de la peor calaña.

Esa misma tarde, luego de optar por lo primero, incluí en el programa una selección de literatura hecha por mujeres. Katherin Mansfield, Clarice Lispector, Elena Garro y Beatriz Espejo me salvaron de fomentar, en pleno siglo XXI, la inequidad de género.

Creo que fue un acierto. Y se confirma ahora al concluir la lectura de ¿Te gusta el látex cielo? de Nadia Villafuerte. Todas esas ideas preconcebidas – y alimentadas por varios “estudiosos”- de que la escritura femenina está marcada por el género, son un sinsentido. Quien escribe con calidad no necesita de salvoconductos para trascender. Y el libro que hoy nos reúne, el tercero de la autora, lo convalida.

La escritura de Nadia no necesita etiquetas. Sabe narrar y conoce el mecanismo del cuento. Entiende, por ejemplo, que para que un texto funcione debe generar emociones encontradas en el lector. Busca también, como Ernest Hemingway, que en una historia convincente lo que valga no sea lo que se cuente sino lo que sugiera sin mostrarlo. Y desde Flores rojas, el relato que abre la colección, y describe el encuentro en un casino en la frontera norte entre un periodista “moderado” y un matón arrepentido, uno se percata de que se encuentra ante una autora ambiciosa. Una narradora que, parafraseando a Virginia Woolf, ha encontrado una habitación propia.

Segura de su estilo, Villafuerte no guarda lastre de pudores y con honestidad comparte, en una dedicatoria final, los nombres de los autores que la han inspirado a lo largo de su trayectoria. Y aunque no lo supiéramos a través de esta confesión, resulta reconocible la influencia del norteamericano Raymond Carver en Tinta azul y Grillos, historias que ejemplifican con buen tino la decadencia de la pareja clase mediera; o del chileno Roberto Bolaño en What are you looking for y La Piscina, textos atrevidos con inquietantes desenlaces donde sus protagonistas escapan y trasgreden continuamente sus realidades.

Oriunda de Chiapas, una tierra en la orillas límite la cual sirve de puente a los centroamericanos en su odisea para llegar a la tierra prometida del dólar, Nadia Villafuerte se deja transminar por el componente migratorio en Frontera de sal, Yésira y Cajita feliz. En los tres relatos, el cronotopo frontera se describe, no como un espacio geográfico, sino como un estado de ánimo. Los protagonistas están ahí, esperanzados de que les llegue momento de brincar hacia el otro lado, sin sospechar que más al norte les deparan peores dificultades. Para cualquier escritor es difícil ser ingenioso y crítico a la vez, y la autora lo consigue dejando en los lectores un agridulce, pero placentero sabor de boca.

Roxie, que merece una categoría aparte, es uno de mis favoritos. Cuenta en primera persona la historia de un travesti que sirve tragos en un bar del Gabacho y quien no está del todo de acuerdo con su circunstancia. Lo interesante aquí es que, no obstante su brevedad, el relato alcanza a atisbar al interior del personaje exponiendo la soledad que lo aqueja y a la cual, el lector no ha de mantenerse ajeno.

Y cito:

Me duele su queja, le tapo la boca. Le quito el grasoso maquillaje. Me veo al espejo: lloro un poco. Al oído le confieso que también soy infeliz: que ambos los somos.

Resta comentar, finalmente, la historia que prefiero por ser la más redonda del libro, justamente la que da nombre al volumen. Noveleta, cuento largo o nouvelle, ¿Te gusta el látex, cielo? se lee con soltura sin detenerse a reflexionar, porque esa, precisamente, es su virtud. Sus cincuenta páginas avanzan sin tropiezos, con una naturalidad que desdeña lo pretencioso.

La trama gira alrededor de la relación entre Glenda, un travesti que regentea El Bombay, y Helena, una ambiciosa prostituta. Ambos, que por cierto son amantes, se verán envueltos en una vorágine fatal cuando la falena acepte asesinar a un político asiduo al El Bombay, a cambio de obtener, sí, adivinaron, papeles y dinero para cruzar la frontera.

Hay un poema de Kavafis, La ciudad, donde el bardo sentencia al viajero que pretende partir hacia una vida mejor que no hallará otra tierra ni otro mar, que su ciudad, con todo y su desolada languidez, irá siempre con él. Los cuentos de Nadia parecen confirmar, en el mismo sentido alegórico, la aseveración del poeta griego: quien parta más allá de su terruño corre el riesgo de encontrarse consigo mismo. Y eso, en algunos casos, puede ser peor que cualquier desgracia

Texto leído el pasado 7 de febrero en la biblioteca José Martí de la ciudad de Mérida, en el marco de la presentación del libro ¿Te gusta el látex, cielo? (Tierra Adentro, 2008) de Nadia Villafuerte, con la presencia de los escritores Roberto Azcorra Cámara, Carlos Martín Briceño y la autora.

09
feb
09

Rafael Ramirez Heredia habla del oficio de escribir

09
feb
09

¿Te gusta el látex, cielo? Run away, corazón; por Roberto Azcorra

Huyo de lo que me sigue; voy detrás de lo que huye de mí.

Ovidio

¿La chica de la portada hace la pregunta? Al menos eso aparenta y desde ese instante podemos caer en la trampa de la invitación, porque detrás de esta fachada tan atractiva se esconde una mirada capaz de adentrarse a los recovecos de una realidad oculta bajo la ilusión neoliberal que se tambalea herida víctima de sus propios precursores.

Ignoro si el escritor es un visionario, lunático o ingenuo. Lo que sé es que uno de sus deberes es llamar a las cosas por su nombre. Y Nadia Villafuerte es capaz de devolvernos esa mirada incómoda donde los momentos son develados fríamente y el absurdo de la cotidianeidad permanece como una sombra indeleble.

¿Te gusta el látex, cielo? es una colección de diez cuentos breves cargados de intensidad y de gran oficio narrativo. Nadia no niega la cruz de su parroquia, además de nombrarlos al final del libro, en el transcurso de la travesía puede percibirse el universo carveriano, bolañesco, la influencia del dirty realism, las construcciones lacónicas permitiendo el paso de la luz lectora hacia las esquinas obscuras del hombre.

En esta vorágine de soledades, el libro presenta dos rostros, uno no menos inquietante que el otro. Podríamos identificar el ambiente y la triste exhuberancia de la frontera sur en relatos como Frontera de Sal, Yésira y el cuento que titula la colección. Prostitutas-adolescentes centroamericanas, ilusos que sueñan con el segundo norte, porque “en el sur habita el fuego” (Frontera de sal, p. 29). Quién si no la autora para describir la jodidez de ese mundo; nuestro río al sur es, probablemente, peor que el del norte. Y la narradora nos guía como un Virgilio cínico, señalando al hombre que venga la muerte de su hermana de 14 años asesinada por un agente de migración, al fotógrafo perdido dentro de sí y enclavado en la selva, a la falena encargada de eliminar a un político víctima de un complot; con desparpajo, Nadia Villafuerte nos dibuja con breves trazos al travesti traicionado por una mujer.

El otro rostro nos muestra la ciudad, la urbe que pudiera ser de cualquier parte del mundo, con sus hartazgos, la vacuidad de sus habitantes, la incomunicación a pesar de las nuevas tecnologías. Los tintes policiacos del cuento Flores rojas demuestran la capacidad de la escritora por el género. Tinta azul, La piscina, Grillos, exhiben las heridas causadas por las relaciones superficiales, rutinarias o extraviadas en el desconcierto de la incertidumbre y la duda.

En el mundo recreado por Nadia, las drags y travestis protagonizan algunas de sus historias, entre ellas ¿Te gusta el látex, cielo? y Roxi, texto construido con dos puntos de vista externos, ambivalentes, en segunda persona que nos conducirán al descubrimiento.

Cajita feliz, texto publicado en la revista Navegaciones Zur, reúne dos aristas de un bizarro poliedro que otros le llaman realidad, la migrante que ha logrado alcanzar la otra orilla, la anglosajona, pero que sido insuficiente para conseguir la anhelada felicidad, ganando tan solo perpetuar la insatisfacción y el creciente deseo de continuar en movimiento, a pesar de la pequeña que duerme con el Simbad en las manos ignorando el hartazgo y desencanto bajo la piel de su madre.

Son dos mundos que presenta el libro de cuentos de Nadia Villafuerte en ambientes físicos disímiles pero unidos por la marginalidad, la migración. Sus personajes están en perpetuo movimiento o dejan el motor en marcha esperando el pretexto para reanudar la travesía.

Los diez cuentos de esta colección, lejos de proponer una mirada femenina”, logran trascender y conservar el genuino punto de vista de una narradora.

La prosa breve, sin artificios más que la transparencia hacia la realidad de sus relatos, caracteriza esta obra altamente recomendable.

Enhorabuena, Nadia.

07
feb
09

La nota del Diario de Yucatán

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Félix, Glenda, Karen, Oscar y Key son algunos de los personajes atrapados en sus emociones que Nadia Villafuerte presenta con habilidad en su libro “¿Te gusta el látex, cielo?”, colección de diez historias del género negro que se desarrollan de una frontera a otra del país.

La obra de la escritora chiapaneca se presentará hoy, al mediodía, en el Centro Cultural José Martí del Parque de las Américas, con la presencia de Nadia, Roberto Azcorra Cámara y Carlos Martín Briceño. El evento cuenta con el apoyo de la Dirección de Cultura del Ayuntamiento y el Consulado del Movimiento Poetas del Mundo.

Aunque las circunstancias de los personajes son duras, amargas, Roberto Azcorra señala que las historias conforman un libro ameno, de fácil lectura y con pasajes concentrados, “como una cava de vinos”.

Con precio de $60 y a la venta en las librerías Educal (en Mérida, al lado del Teatro Daniel Ayala Pérez y en el Palacio Cantón), el texto será presentado por su autora en la Feria del Libro de la UNAM, que se llevará al cabo el próximo martes 24 en el Palacio de Minería de la ciudad de México.— Renata María Marrufo

05
feb
09

NADIA VILLAFUERTE, RESEÑAS Y COMENTARIOS ACERCA DE SU LIBRO ¿TE GUSTA EL LÁTEX, CIELO?

negra

En otro lugar, a muchas millas de aquí*, Héctor Cortés Mandujano:

Los diez textos que componen ¿Te gusta el látex, cielo?, la nueva entrega de Nadia Villafuerte son, para quienes hemos sido desde siempre sus lectores, una suerte de antología personal que, junto con inéditos, recoge trabajos ya aparecidos en otras publicaciones, aunque aquí algunos tengan una revisión, un nuevo enfoque.

Lo que sí continúa siendo una constante en el trabajo de esta espléndida narradora chiapaneca es la desesperanza de sus personajes encerrados en sí mismos, como si sus vidas, sus cuerpos, fueran una cárcel de donde a veces, sin éxito, intentan escapar. Fracasados en el amor, en la familia, en la identidad sexual, estos seres deambulan desconcertados por las páginas al notar que da lo mismo estar en un cuarto de hotel que en la playa, en el poderoso Estados Unidos que en la miserable frontera sur; el desconsuelo los ha poseído por completo y no importa que sean travestis o fotógrafos, estudiantes o periodistas: la nada los carcome.

En “Flores rojas”, por ejemplo, Félix, periodista divorciado, se entrevista con Sada, un hombre también con la familia hecha pedazos, quien le entrega fotografías para que las haga públicas: “El elemento criminal en estado puro”. El ambiente es de thriller cinematográfico y la intimidad de los personajes, por eso, es extraña, poco humana, literaria. Para los dos el acto —la denuncia de uno la publicará el otro— se realiza sin esperanzas de que algo cambie. Mostrar los crímenes es nomás “una tapa del drenaje”. Hay que hacerlo y ya, no tiene importancia el para qué, nada tiene importancia: “Hace poco mataron a un amigo, muy cerca de aquí. Días después, a otro. Ayer notificaron un muerto más. Hablamos de muertos como si fueran mujeres a quienes uno se tira. ¿Se tira usted a muchas…? ¿O es moderado?”. El cuento camina más allá de la escritura, más allá del final, y uno sabe, como lector, que ninguno de los personajes se salvará de sí mismo, que las fotografías sólo alimentarán momentáneamente la hoguera cotidiana de los escándalos periodísticos. Lo demás —Hamlet dixit— es silencio.

En “Tinta azul” hay una mujer mayor y un poeta joven a quien da un beso, a quien lee. No se acostará con él. ¿Las razones?: “Le asusta verse tan envejecida en comparación con él —le repugna un poco que le haya tomado la mano y la escena estuviese afectada por una sutil cursilería.” Ella no es feliz, vive con un hombre tolerante que la quiere y eso la hace más desgraciada: “No concibe su tolerancia, su espíritu zen, esa bondad que teje en torno a ella y es una trampa, una red asfixiante, el modo perfecto para sostener cierta dependencia abyecta. Quisiera verlo explotar, que la manchara de mierda y sangre. Duda de su carácter sereno. Recuerda un verso del poeta: tengo fe por la maldad del hombre, fe por las fauces abiertas en su espalda.”

“Frontera de sal” es el retrato en segunda persona de un sexagenario extranjero que descubre el deseo —“Tienes la sangre caliente, el cuerpo caliente, la boca caliente deseando sosegarla en la dermis de la mujer que está lejos de tu frontera”— y la inutilidad de su trabajo fotográfico, cuando ya es tarde; es, también, el retrato nada complaciente de Paredón, Chiapas: “Parece que el sur, esa palabra minúscula, monosílaba, es la frontera equivocada, el error, el horror histórico. Es posible, pese a todo, presenciar un ¿cómo decirlo?, un límbico atardecer. Ya has visto demasiados. No es eso sin embargo lo que te aturde sino el que se exponga tan soberbio frente a un lugar tan deplorable, líricamente sórdido, infestado de camarones, pescados, cervecerías de mala racha, borrachos vomitados a media pieza y niñas desnudas de miradas desorbitadas tratando de apresar sapos de entre los sucios fangos.”

A partir de estas fotografías tiradas al mar aparecen ya, en este volumen, las historias sobre la frontera sur: “Yésira” es el american dream y la pesadilla previa; en “Cajita feliz”, una pareja de ilegales, Valente y Key, viven en EUA. Ella pasó el infierno para llegar, borracha se le entregó a Valente y “luego llegó el bulto inesperado. Suny. Ese extra innecesario de la cajita feliz.” Él es carnicero y “ella siente asco. Cualquier ligero tufo le trae a la mente bazos, corazones, hígados, lenguas y ubres de vacas, mientras cogen.” En “What are you looking for” hay una mexicana (más precisamente una tuxtleca) en Houston. Viene de una familia de ambición menor, de tono gris, quiso escaparse y vuelve para vivir lo que supone un destino del que jamás podrá desligarse: “Hizo maletas, con la indecisión picoteándole de nuevo la cabeza. Me iré, no me iré. ¿Podré regresar? ¿Y si no puedo? ¡Pero si nunca he podido! ¡Ni sé exactamente lo que quiero!”.

La otra constante en este libro son las parejas. Infelices, cómo no. El amor también es la representación de un crimen. “La piscina” es un paseo por Cuba. Karen, joven universitaria, y Manu, su asesor de tesis. Son amantes, pero parecen un matrimonio aburrido. Aquí, creo, el objetivo de Nadia no es contar estrictamente una historia, que la cuenta, sino la exploración de ciertas actitudes en la naturaleza humana: “A Karen (…) le divierte que Manu la presente como su hija o su sobrina (pues se llevan poco más de veinte años), y en cualquier momento la toquetee soez para desmentir su propósito de ocultarla ante los otros. Porque Manu no es libre. Nadie lo es, le dice ella, pero Manu está casado y tiene esposa e hijo en casa. El común hijo de puta, advierte Karen, quien siempre termina con sujetos así.” En “Grillos” hay también otra pareja infeliz, Dany y Shian, en un hotel campestre por dos días donde ocurre el desencuentro, la constatación del tedio.

“Roxi”, casi al final, es el berrinche de un personaje dual que bien podría ser antecedente del que, me parece, es el mejor bicho creado por Nadia y que se mueve a sus anchas en el texto mayor, en todos los sentidos, que da título a este volumen.

“¿Te gusta el látex, cielo?” es también una historia de frontera y ya había aparecido antes con otro título (“Presidente, por favor”). Esta nueva versión me parece mucho mejor que la de antes y es la confirmación de Nadia Villafuerte como una escritora con todas las letras. Es indudablemente el plato fuerte del volumen y es una historia con varios meandros, con un personaje envidiable en términos de creación: Glenda-Genaro, el travesti —madrota, padrote— enamorado de Helena, una puta e hija de puta.

“—¿Cómo le haces para que no se note la verga? ¿Te gustan más los hombres o las mujeres? Sólo que ni Glen lo sabía. Sus enormes pestañas postizas, su sonrisa grotesca, flotaban en el marco del espejo. El deseo para él/ella, a veces, carecía de nombre. El deseo para Glenda era una piel joven, la de su díler, la de Helena rotunda a sus diecisiete años. El deseo era el deseo por ocupar, sitiar cualquier cuerpo. Sin pensarlo, sin confirmar nada, desear a un hombre o a una mujer empezaba a darle lo mismo.”

“¿Te gusta el látex, cielo?” es una historia con lenguaje preciso, con imaginación e inteligencia narrativa, con un personaje magnífico, que no suelta al lector desde el inicio. La sordidez, la traición, el amor, el crimen, la suciedad de la política están dispuestos aquí sin medias tintas, descarnadamente. Si el libro fuera un camino hemos llegado con suerte a este platillo literario preparado con maestría, ejecutado brillantemente. No diré más para que puedan leerlo a placer. No se arrepentirán, lo aseguro.

Fuera del desencanto que une textos hay también en ¿Te gusta el látex, cielo? la intervención puntual de la voz narrativa que no permite a los personajes decirse mentiras a sí mismos. El Big brother que Orwell retrató en 1984 aquí no es un cámara externa, sino alguien que está dentro de los personajes, desdoblándolos, corrigiéndolos, exponiendo su miseria sin compasión.

Las geografías del libro van, como habrán notado, de la frontera sur a la frontera norte, pero en sus fronteras literarias Nadia Villafuerte viaja, creo, de Onetti a Chéjov. Del primero tiene el sentimiento de orfandad humana con que dota a sus personajes y del segundo el uso de la pieza, ese fragmento de vida donde la peripecia, cuando existe, no transforma la implacable cotidianidad. El destino es este gris transcurrir de minutos, esta nada que se nos va de entre las manos. Si la felicidad existe, parece decir este corpus de historias, está en otro lugar, a muchas millas de aquí.

*Texto leído por el autor en la presentación del libro ¿Te gusta el látex, cielo? (Tierra Adentro, 2008), de Nadia Villafuerte, dentro del Segundo Festival de Letras Jaime Sabines. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, octubre de 2008.

Luís Felipe Pérez (Irapuato, Guanajuato):

El libro ¿Te gusta el látex, cielo? (Fondo Editorial Tierra Adentro, CONACULTA, 2008), de Nadia Villafuerte, registra “esquinas de la realidad donde se agazapan los peligros, en forma de telarañas de apariencia inofensiva” según el editor Geney Beltrán. La autora recurre a personajes marginados, aquellos situados en la frontera del sexo, la vida en pareja, la piel y la mirada, pues “lo real ocurre bajo la superficie”. Destaca la osadía de la prosa narrativa de Nadia, quien da cuenta de aquella consigna de que a nuestras espaldas hay un pasado en obras. La autora reconoce eso que llamamos tradición y sabe también lo pesado de esa loza, sólo si no se le conoce.” Geney califica de “experiencia perturbadora” la lectura de la obra de Villafuerte, pues define su estilo como una “violencia sorda” que narra “historias bajo la superficie, a punto de estallar”, en lo ignorado, a través de una “mirada puntillosa y precisa” y una prosa certera y fluida.

No es ninguna acotación arriesgada afirmar que, debido a que temática de Nadia Villafuerte se ubica en los márgenes, en la frontera del sur, donde hay “historias de mojados, prostitutas, corrupción política y extrema pobreza” sea un acto de denuncia. Y, ya que está también en el borde del norte, “un paraíso de plástico que no logra acallar las pulsaciones, que llaman del abismo, como el odio” que, junto al abanico de personajes que podemos encontrar como un espejo de la consuetudinaria realidad, Nadia, encadena la sordidez del ambiente y la soledad que avasalla el estado de ánimo develando, bajo el filtro literario, la sustancia de las emociones en una geografía humana con la que cualquiera puede rozar.

Hay quizá un hilo conductor en los diez relatos que nos deja Nadia Villafuerte en su libro ¿Te gusta el látex, cielo? La impureza del ambiente que tiene consecuencias de varias índoles. Tras esa sustancia que enlista a muchos en el club de los insatisfechos y a otros tantos en el de los olvidados, Villafuerte se acerca a la pregunta ubicua ante el futuro, ante la vida, ante la posibilidad-obligatoriedad de seguir. Sus personajes dan respuestas que encuentran su cauce en la circunstancia, en la esperanzada e inevitable labor de dar un paso tras otro sin parar, y en la particular forma de afrontar la vida, lejos de morales reinantes, lejos de cobijos legales, sus personajes caminan buscándose para sí mismos el derecho a la existencia, a pesar de que parezca habérseles negado a éstos y a cualquiera de nosotros.

No es la miseria o la acre realidad el más grande mérito de Nadia Villafuerte en este conjunto de relatos sino la maestría con la que conecta transversalmente la temática con la formalidad del relato. El lector puede encontrar en la lectura la necesidad de saber qué pasará, aunque aquello que le cuenten le suene familiar. Con recursos heredados y asimilados de esta misma tradición a la que se ha referido Geney Beltrán, ¿Te gusta el látex, cielo? construye su pretexto literario en la escritura, en cómo se han de presentar las historias que se cuentan, y es ahí que la autora hace emerger su propio estilo de dejar personajes construidos quisquillosamente, monólogos metafísicos que dejan dibujos exactos de los estados de ánimo en los que se puede estar, fotografías cabales de los sitios que construye en cada relato, además de las situaciones límite que logra la autora bajo la sintomática anécdota de cada relato. Nadia Villafuerte pues, presenta en cada relato un trabajo de escritura preocupado por su solvencia y eficaz en sus pretensiones.

Del blog ARTEFACTO:

En el nuevo libro de la escritora chiapaneca Nadia Villafuerte, ¿Te gusta el látex, cielo? ( Fondo Editorial Tierra Adentro, 2008), encontré una frase que me remitió a varias reflexiones. Fue uno de esos momentos en que la mirada se queda suspendida sobre la tipografía tratando de desentrañar el abismal significado de lo que ella quiso decir, mientras intento reconciliar ese ruido mental que su lectura provocó en mi cabeza: imágenes, palabras, experiencias personales, carencias actuales, estados de ánimo inevitables (y la lluvia en la Ciudad de México a bordo de un autobús a las diez de la noche). Tres páginas más adelante, tuve que regresar a releer esa línea, la cual reza:

“El amor también es la representación de un crimen”

Inmediatamente pensé en Querelle de Brest (1947) de Jean Genet, y en la película que realizara Rainer Werner Fassbinder en 1982 (y en el maravilloso cartel que diseñó Andy Warhol para la promoción del filme en los Estados Unidos, ver imagen en este blog). A grosso modo, la obra de Genet convierte a la violencia en una expresión de amor puro; existe una separación tangible entre el amor de la carne, el sexo como moneda de cambio, falto de significación convencional, y el amor sentimental, la cursilería sanvalentinera expresada en los crímenes que la sociedad castiga. La belleza es marginal, peligrosa, tantalizante y se mezcla con la soledad del espíritu que Querelle y sus coetáneos buscan a propósito porque, ultimadamente, la abyección es un rito sexual.

El crimen de Nadia Villafuerte y el de Jean Genet es desembarazar las relaciones físicas de todo sentimentalismo. Si bien es cierto que sus personajes tienden a buscarlo, lo hacen con la renuencia característica de quienes se han varado en los paisajes mórbidos, en el vacío eterno, en el lenguaje como vehículo y obstáculo del ser. Es decir, each man kills the thing he loves.

¿Y a qué viene toda esta perorata? Que creo que me he convertido en un criminal. Leer a Nadia Villafuerte me sumergió en una crisis sorda e inevitable (esta semana detesté el cielo gris de la ciudad) que me hizo reparar que aquellas situaciones de deseo, de búsqueda, de sitios del sur como metáforas del alma no me son tan ajenas, y que bien pude haber sido uno de esos protagonistas o alguno de los marineros espectadores en Querelle de Brest. Soy un criminal porque i kill the thing i love, a pesar de desearlo tanto, de perseguirlo incesantemente, de querer avistarlo en las caricias de los extraños…; los moteles ya me dan tristeza, y pienso que el trayecto del autobús en la ciudad es como el corazón (en su sentido kitsch) contemporáneo: quiere ir para quedarse, pero luego se obliga a regresar: su andar es un perpetuo recomenzar, una puta locura en el tráfico de la ciudad.

04
feb
09

La portada del libro

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04
feb
09

Nadia Villafuerte

Nadia Villafuerte

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1978. Narradora. Autora de Barcos en Houston (cuentos, 2005), Presidente, por favor (antología de narrativa negra, España, 2006) y ¿Te gusta el látex, cielo? (relatos, 2008). Becaria del FONCA (2003-2004) y de la Fundación para las Letras Mexicanas (2006-2008). Publica una columna semanal titulada Sirenas y ondinas, en el periódico El heraldo de Chiapas. Sus artículos, reseñas y relatos han aparecido en Nexos, Gaceta del Fondo de Cultura Económica, Cuaderno Salmón, El Universal, Tierra Adentro, Pliego 16, Hache.

Esta narradora de excepción viene a Mérida y presentará su libro de cuentos: ¿Te gusta el látex, cielo? ( de la editorial Tierra Adentro ) Dicha presentación se realizará en el centro Cultural José Martí el sábado siete de febrero a las doce del día, habrá vino de honor. El libro se titula “¿Te gusta el látex, cielo?”.

La presentación está patrocinada por el Ayuntamiento de Mérida a través del Maestro Roger Metri, el Gobierno del Estado de Yucatán y el Consulado en Mérida-Yucatán del Movimiento Poetas del Mundo (cuyo cónsul actual es el poeta Oscar Sauri). Presentan el libro: Roberto Carlos Azcorra, Carlos Martín Briceño y la autora.

04
feb
09

¡Hola, mundo! Hablen aqui y digan y ante todo vayan el sábado

Nadia Villafuerte: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1978. Narradora. Autora de Barcos en Houston (cuentos, 2005), Presidente, por favor (antología de narrativa negra, España, 2006) y ¿Te gusta el látex, cielo? (relatos, 2008). Becaria del FONCA (2003-2004) y de la Fundación para las Letras Mexicanas (2006-2008). Publica una columna semanal titulada Sirenas y ondinas, en el periódico El heraldo de Chiapas. Sus artículos, reseñas y relatos han aparecido en Nexos, Gaceta del Fondo de Cultura Económica, Cuaderno Salmón, El Universal, Tierra Adentro, Pliego 16, Hache.

Esta narradora de excepción viene a Mérida y presentará su libro de cuentos: ¿Te gusta el látex, cielo? ( de la editorial Tierra Adentro ) Dicha presentación se realizará en el centro Cultural José Martí el sábado siete de febrero a las doce del día, habrá vino de honor. El libro se titula “¿Te gusta el látex, cielo?”.

La presentación está patrocinada por el Ayuntamiento de Mérida a través del Maestro Roger Metri, el Gobierno del Estado de Yucatán y el Consulado en Mérida-Yucatán del Movimiento Poetas del Mundo (cuyo cónsul actual es el poeta Oscar Sauri). Presentan el libro: Roberto Carlos Azcorra, Carlos Martín Briceño y la autora.




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