Archivos para 9/02/09
Huyo de lo que me sigue; voy detrás de lo que huye de mí.
Ovidio
¿La chica de la portada hace la pregunta? Al menos eso aparenta y desde ese instante podemos caer en la trampa de la invitación, porque detrás de esta fachada tan atractiva se esconde una mirada capaz de adentrarse a los recovecos de una realidad oculta bajo la ilusión neoliberal que se tambalea herida víctima de sus propios precursores.
Ignoro si el escritor es un visionario, lunático o ingenuo. Lo que sé es que uno de sus deberes es llamar a las cosas por su nombre. Y Nadia Villafuerte es capaz de devolvernos esa mirada incómoda donde los momentos son develados fríamente y el absurdo de la cotidianeidad permanece como una sombra indeleble.
¿Te gusta el látex, cielo? es una colección de diez cuentos breves cargados de intensidad y de gran oficio narrativo. Nadia no niega la cruz de su parroquia, además de nombrarlos al final del libro, en el transcurso de la travesía puede percibirse el universo carveriano, bolañesco, la influencia del dirty realism, las construcciones lacónicas permitiendo el paso de la luz lectora hacia las esquinas obscuras del hombre.
En esta vorágine de soledades, el libro presenta dos rostros, uno no menos inquietante que el otro. Podríamos identificar el ambiente y la triste exhuberancia de la frontera sur en relatos como Frontera de Sal, Yésira y el cuento que titula la colección. Prostitutas-adolescentes centroamericanas, ilusos que sueñan con el segundo norte, porque “en el sur habita el fuego” (Frontera de sal, p. 29). Quién si no la autora para describir la jodidez de ese mundo; nuestro río al sur es, probablemente, peor que el del norte. Y la narradora nos guía como un Virgilio cínico, señalando al hombre que venga la muerte de su hermana de 14 años asesinada por un agente de migración, al fotógrafo perdido dentro de sí y enclavado en la selva, a la falena encargada de eliminar a un político víctima de un complot; con desparpajo, Nadia Villafuerte nos dibuja con breves trazos al travesti traicionado por una mujer.
El otro rostro nos muestra la ciudad, la urbe que pudiera ser de cualquier parte del mundo, con sus hartazgos, la vacuidad de sus habitantes, la incomunicación a pesar de las nuevas tecnologías. Los tintes policiacos del cuento Flores rojas demuestran la capacidad de la escritora por el género. Tinta azul, La piscina, Grillos, exhiben las heridas causadas por las relaciones superficiales, rutinarias o extraviadas en el desconcierto de la incertidumbre y la duda.
En el mundo recreado por Nadia, las drags y travestis protagonizan algunas de sus historias, entre ellas ¿Te gusta el látex, cielo? y Roxi, texto construido con dos puntos de vista externos, ambivalentes, en segunda persona que nos conducirán al descubrimiento.
Cajita feliz, texto publicado en la revista Navegaciones Zur, reúne dos aristas de un bizarro poliedro que otros le llaman realidad, la migrante que ha logrado alcanzar la otra orilla, la anglosajona, pero que sido insuficiente para conseguir la anhelada felicidad, ganando tan solo perpetuar la insatisfacción y el creciente deseo de continuar en movimiento, a pesar de la pequeña que duerme con el Simbad en las manos ignorando el hartazgo y desencanto bajo la piel de su madre.
Son dos mundos que presenta el libro de cuentos de Nadia Villafuerte en ambientes físicos disímiles pero unidos por la marginalidad, la migración. Sus personajes están en perpetuo movimiento o dejan el motor en marcha esperando el pretexto para reanudar la travesía.
Los diez cuentos de esta colección, lejos de proponer una mirada “femenina”, logran trascender y conservar el genuino punto de vista de una narradora.
La prosa breve, sin artificios más que la transparencia hacia la realidad de sus relatos, caracteriza esta obra altamente recomendable.
Enhorabuena, Nadia.
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